Luis, mexicano o Luisito como yo decía cariñosamente era
todo un ejemplo porque vivía de su sueño, siempre lo confesaba que si pudiera
volver atrás sin duda volvería a ser piloto, porque hay cosas que se llevan en
la sangre y ``él llevaba la gasolina en las venas, incluso más que yo´´ confiesa su primo David Salóm piloto de
SBK. Aprendió a andar casi a la vez de
montar en moto con solo 2 años, bajo toda una saga de pilotos y fanáticos del
motor, de hecho su abuelo es el propietario de la tienda ``Motos Salóm´´ en
palma de Mallorca que desde el principio hasta el final patrocinó a Luis.


Luisito era de esos locos cuerdos que tienen dos grandes
amores, uno su moto de la que confesaba que tenía su teléfono móvil lleno de fotos,
es cierto que cuando subía la pierna para ``cabalgarla´´ se fusionaban y cuando pasaba por tu curva tenias la
sensación de que ibas con él en el carenado, porque Luis era de los pocos
pilotos que transmitían. Su otro gran amor, su madre María, puedo decir con
todo el conocimiento del mundo que era de las mejores madres del paddock, ella
era su sombra cuando brillaba y su luz cuando más lo necesitaba, nunca he visto
una madre tan compenetrada con su hijo, esas miradas buscándose de lejos
incluso en entrevistas ponían los vellos de punta, no le dejaba ni a sol ni a
sombra de gran premio en gran premio y rezando con la misma fe que su hijo
antes de cada carrera, como ella decía todo lo que sea ``por acabar las temporadas sanos´´.


Era agresivo dentro de la pista, ``una mosca cojonera´´ como yo decía, él no se conformaba con un bien era demasiado exigente e impaciente y esa impaciencia más de una vez le jugó malas pasadas como fue en el gran premio de Valencia cuando jugándose el título de moto3 se fue al suelo a pesar de ello, en su box pidió perdón al equipo y dio las gracias así como felicitó a sus rivales por la victoria.
Por eso y por más yo tuve la suerte de conocer a Luis Salóm y me siento muy afortunada de que me dedicara algo que de lo que no somos conscientes, pero es algo que nunca recuperará, su tiempo.


Cuenta la leyenda que Luis desde que se fue no ha dejado de cabalgar con un 39 por dorsal y subido en un cajón de podio celebra sus victorias con un ojo en el cielo , y otro en la tierra mirándola a ella, su único amor verdadero, su madre. Ya dicen que no quiere trofeos, porque sus manos están ocupadas por el tesoro más preciado, un tesoro que supera con creces el titulo de campeón del mundo, sus rizos, esos rizos que acariciaba como rito sagrado antes de subir a la moto, esos rizos con los que ahora juega y a los que besa a la espera de poder besar a ella, dentro de mucho tiempo, porque de momento solo tiene una misión, proteger a su diosa, porque ella vale más que cualquier religión, ella vale más que cualquier premio, ella es su gran amor, ella se llama María Antonia, la llaman María, pero él simplemente la llamaba ``mamá´´. Una madre que aquel 3 de junio perdió un hijo, pero gano un ángel de la guarda.


Cuenta la leyenda que Luis desde que se fue no ha dejado de cabalgar con un 39 por dorsal y subido en un cajón de podio celebra sus victorias con un ojo en el cielo , y otro en la tierra mirándola a ella, su único amor verdadero, su madre. Ya dicen que no quiere trofeos, porque sus manos están ocupadas por el tesoro más preciado, un tesoro que supera con creces el titulo de campeón del mundo, sus rizos, esos rizos que acariciaba como rito sagrado antes de subir a la moto, esos rizos con los que ahora juega y a los que besa a la espera de poder besar a ella, dentro de mucho tiempo, porque de momento solo tiene una misión, proteger a su diosa, porque ella vale más que cualquier religión, ella vale más que cualquier premio, ella es su gran amor, ella se llama María Antonia, la llaman María, pero él simplemente la llamaba ``mamá´´. Una madre que aquel 3 de junio perdió un hijo, pero gano un ángel de la guarda.